Sánchez, un peso muerto para el PSOE
Las elecciones andaluzas han dejado una fotografía política difícil de maquillar incluso para el departamento de propaganda de La Moncloa: el PSOE ha firmado el peor resultado de su historia en Andalucía. Veintiocho escaños. Dos menos que en 2022 y a una distancia sideral de aquellos tiempos en los que los socialistas gobernaban la comunidad como si fuese patrimonio familiar.
Mientras tanto, el Partido Popular con Juanma Moreno volvió a ganar con claridad, alcanzando 53 diputados y consolidando Andalucía como uno de los grandes bastiones del cambio político en España. Ha conseguido convertir una comunidad históricamente socialista en un territorio donde la izquierda ya ni siquiera compite por la hegemonía.
La victoria tiene inevitablemente lectura nacional. Feijóo sale reforzado porque estas elecciones han funcionado como un referéndum indirecto sobre Pedro Sánchez. De hecho, el propio líder popular resumió el resultado con una frase demoledora: “La losa es Sánchez”.
Porque eso es exactamente lo que empieza a ocurrirle al PSOE en cada cita electoral: el presidente se convierte en un peso muerto para sus propias siglas. Andalucía ha sido especialmente simbólica porque el socialismo no pierde únicamente votos; pierde identidad, pierde arraigo y pierde la sensación de invencibilidad que durante décadas le acompañó en el sur de España.
El problema del sanchismo es que lleva demasiado tiempo funcionando como una maquinaria de supervivencia personal. Toda gira alrededor de Sánchez: los pactos, los discursos, los cambios ideológicos, las cesiones y hasta las crisis internas. El PSOE ya no parece un partido con un proyecto colectivo, sino un aparato diseñado para mantener a un solo hombre unos meses más en el poder.
Y ese modelo empieza a dejar víctimas políticas por el camino. Primero fueron los viejos barones apartados por incomodar al líder. Después llegaron las derrotas municipales y autonómicas que siempre acababan teniendo un culpable local, nunca nacional. Ahora le toca al PSOE andaluz asumir el papel de cadáver político necesario para prolongar unos meses más la legislatura de Sánchez. La combustión es lenta, pero constante.
Lo más revelador de la noche electoral no es solo que el PP haya ganado. Es que el PSOE ha normalizado perder en Andalucía. Eso, hace apenas diez años, habría parecido ciencia ficción política. Hoy ni siquiera provoca estupor dentro del partido. Apenas resignación.
Feijóo recoge los frutos de una estrategia basada en proyectar estabilidad frente al agotamiento del Gobierno. Feijóo no convierte cada semana en un simulacro de resistencia numantina porque tiene proyecto y piensa en el futuro.
La paradoja final es cruel para Sánchez. Sigue resistiendo en La Moncloa, sí. Pero cada elección deja un paisaje más pequeño a su alrededor. Menos poder territorial, menos músculo orgánico y menos dirigentes capaces de sobrevivir al desgaste del presidente. El sanchismo se parece cada vez más a esos incendios lentos que tardan en extinguirse, pero que cuando uno mira atrás descubre que ya han arrasado medio bosque.
Carlos Izquierdo
Portavoz
