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El Perro del Hortelano

Madrid tiene muchas virtudes, pero quizá una de las más evidentes es su capacidad para acoger. Es una ciudad abierta, mestiza, cosmopolita. Aquí caben todas las tradiciones, todas las culturas y todas las formas de celebrar la vida. Madrid no pregunta de dónde vienes: te invita a participar. Por eso en la capital se celebran con naturalidad fiestas que nacieron en otros lugares. Nadie se escandaliza si en Barcelona se organiza una feria de abril o si miles de personas celebran el Rocío lejos de Andalucía. Es la lógica de una sociedad libre, diversa y moderna.

Sin embargo, parece que esa lógica no la comparte Reyes Maroto cuando se trata de Madrid. La portavoz socialista ha decidido oponerse a Madrilucia con el argumento de que se trata de un proyecto prescindible, casi una extravagancia. Curioso concepto de ciudad abierta el suyo: las fiestas están bien… siempre que no se celebren en Madrid.

Porque lo llamativo no es solo su oposición a un proyecto cultural y turístico que busca dinamizar la ciudad. Lo verdaderamente revelador es el doble rasero.

La contradicción se vuelve aún más evidente cuando Maroto critica también la Estrategia del Sur. Un motor de transformación urbana, económica y medioambiental en nueve distritos. Lo ha despachado con un calificativo tan superficial como injusto: “publicidad y marketing”. Es una forma curiosa de abordar uno de los mayores retos urbanos de la ciudad. En lugar de discutir propuestas, mejorar proyectos o plantear alternativas, la respuesta se limita a desacreditarlo todo.

Ese es, en realidad, el problema de fondo. La oposición de Maroto no responde a un proyecto alternativo para Madrid. Responde a una actitud. Una actitud que recuerda inevitablemente al viejo refrán del perro del hortelano: ladra si no se hace y ladra porque se hace. Ni come ni deja comer.

Cuando no hay iniciativas, se acusa al gobierno municipal de inacción. Cuando se ponen en marcha proyectos, se les reprocha que sean propaganda. Si se promueve la actividad cultural, se critica por innecesaria. Si se impulsa la regeneración urbana, se descalifica como marketing. El resultado es una oposición que parece más interesada en impedir que Madrid avance que en proponer cómo debería hacerlo.

Madrid, afortunadamente, es mucho más grande que ese pequeño marco mental. Es una ciudad que no teme celebrar, innovar o transformarse. Una capital europea que vive precisamente de su vitalidad, de su mezcla y de su capacidad de atraer talento, turismo y cultura.

Si a Reyes Maroto le incomoda que Madrid sea una ciudad abierta, festiva y cosmopolita, quizá el problema no sea Madrid. Quizá el problema sea su idea de lo que debe ser una capital. Y si lo que busca es una ciudad más homogénea, menos libre y menos abierta, siempre le quedará la opción de presentarse como candidata… a la alcaldía de alguna ciudad rusa. Porque, desde luego, ese no es el modelo de ciudad que quieren los madrileños.

 

Carlos Izquierdo

Portavoz