Alzad la mirada
“Alzad la mirada” fue el lema elegido por el Santo Padre para anunciar su Viaje Apostólico y ha terminado convirtiéndose en una actitud ante la vida.
La expresión remite a las palabras que Jesucristo dirigió a sus discípulos en Sicar de Samaría: «Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega» (Jn 4,35). Era una invitación a mirar más allá de las dificultades inmediatas y a descubrir los frutos que estaban por venir. Dos mil años después, el mensaje conserva intacta su vigencia.
Vivimos tiempos en los que la polarización y el desencanto parecen haberse instalado en la vida pública. Como ha señalado el propio León XIV, conceptos tan esenciales como la paz, la concordia o la fraternidad corren el riesgo de ser considerados por algunos una reliquia de otros tiempos. Precisamente por eso resulta tan necesaria la invitación a alzar la mirada: a no resignarse al enfrentamiento permanente y a seguir defendiendo aquello que une a una sociedad.
Madrid ha respondido a esa llamada de manera ejemplar. La acogida dispensada al Santo Padre ha sido extraordinaria y constituye un motivo de orgullo para todos los madrileños. Más de un millón y medio de personas participaron en la misa celebrada en Cibeles y otras 70.000 llenaron el estadio Santiago Bernabéu. No son únicamente cifras impresionantes. Son el reflejo de una ciudadanía comprometida, capaz de movilizarse pacíficamente alrededor de valores compartidos como la esperanza, la solidaridad, la familia o el servicio a los demás.
La capital ha vuelto a demostrar que es una ciudad abierta, acogedora y generosa. Miles de voluntarios, parroquias, asociaciones y ciudadanos anónimos han contribuido al éxito de una visita que trasciende lo estrictamente religioso para convertirse también en un acontecimiento humano y social de enorme relevancia.
Por eso llama especialmente la atención la ausencia de Pedro Sánchez en la misa principal. El presidente del Gobierno encontró tiempo para innumerables actos y viajes, pero no para acompañar a cientos de miles de españoles en un acontecimiento de indudable trascendencia. Su ausencia transmite la incomodidad de quien prefiere no enfrentarse a los prejuicios ideológicos de algunos de sus socios antes que representar institucionalmente a todos los españoles.
Por mucho que le pese a Sánchez, ni la emoción de esos días ni la magnitud del acontecimiento van a borrar las sombras de corrupción que siguen cercando a su Gobierno y a su entorno político.
Cuando una ciudad entera se vuelca en acoger al Santo Padre, conviene detenerse un instante y reflexionar. Quizá la verdadera noticia de estos días no sea únicamente la visita papal, sino la respuesta de los madrileños. Una respuesta serena, masiva y ejemplar que demuestra que, pese a quienes pretenden reducirlo todo al enfrentamiento, sigue existiendo una España capaz de encontrarse alrededor de aquello que la une. Madrid ha alzado la mirada. Y ha demostrado que la esperanza sigue siendo mucho más fuerte que el desencanto.
Carlos Izquierdo
Portavoz
