Madrid avanza mientras la oposición se mira el ombligo
Vivimos Los debates sobre el estado de la ciudad son un buen termómetro político. Más allá de los titulares del día siguiente, sirven para responder a una pregunta muy sencilla: ¿hacia dónde va Madrid? Y este año la respuesta ha sido tan evidente como incómoda para la izquierda municipal. Mientras José Luis Martínez-Almeida presentó una ciudad en transformación, la oposición volvió a demostrar que su principal preocupación sigue siendo ella misma.
Almeida compareció con un balance que ha trasformado la ciudad. Ahí están las grandes operaciones urbanísticas desbloqueadas, el soterramiento de la A-5, la apuesta por la vivienda con nuevos desarrollos y promociones de alquiler asequible, la consolidación de Madrid como destino internacional para grandes acontecimientos, las mejoras en movilidad, la transformación de espacios públicos o la reducción de la presión fiscal que mantiene a Madrid como una de las grandes locomotoras económicas de España. En su intervención volvió a situar la vivienda como prioridad, anunciando nuevas promociones y medidas para agilizar el desarrollo urbanístico.
Madrid sigue teniendo desafíos enormes, especialmente en materia de acceso a la vivienda, movilidad o limpieza. Pero existe una hoja de ruta reconocible. Se puede discrepar de ella, pero lo que resulta difícil es negar que existe. Frente a ello, la oposición ofreció exactamente lo contrario: ninguna alternativa de ciudad.
Más Madrid continúa instalado en la política del «no». No a los desarrollos urbanísticos, no a las grandes infraestructuras, no a la colaboración público-privada, no a cualquier iniciativa que implique crecimiento económico. Su modelo parece consistir en administrar una ciudad congelada, donde cualquier cambio es sospechoso y cualquier inversión merece una pancarta.
Y si a todo esto, le añadimos un Partido Socialista madrileño inmerso en sus propias tensiones internas y en el debate sobre su liderazgo, proyectando la imagen de un partido más preocupado por resolver sus equilibrios orgánicos que por ofrecer una propuesta de ciudad capaz de ilusionar a los madrileños, podemos afirmar con rotundidad que el alcalde ganó el debate por goleada.
La política municipal tiene una virtud que no admite demasiados artificios: las calles, los parques, los equipamientos, las viviendas o las infraestructuras terminan siendo visibles. No pueden maquillarse con un buen eslogan ni esconderse detrás de una consigna.
Madrid vive uno de los momentos de mayor dinamismo de las últimas décadas. Crece en población, inversión, empleo y atractivo internacional. Esa realidad no elimina los problemas, pero demuestra que la ciudad mantiene un rumbo.
Y esa fue probablemente la verdadera fotografía del debate. Almeida compareció para rendir cuentas de una gestión y explicar el Madrid que quiere seguir construyendo. La oposición compareció sin un proyecto reconocible para la capital, atrapada entre el rechazo sistemático, las disputas internas y la sombra de una crisis política nacional que cada día pesa más sobre quienes aspiran a gobernar Madrid.
Carlos Izquierdo
Portavoz
