Madrid premia la libertad
Hay decisiones institucionales que no admiten ambigüedad moral. La concesión de la Medalla de Oro de la ciudad a María Corina Machado es una de ellas. No es un gesto protocolario ni una concesión simbólica sin consecuencias: es una toma de posición clara en favor de la libertad, la democracia y la dignidad frente a la tiranía.
Machado no es una figura decorativa ni una activista de salón. Es el rostro de una resistencia real, sostenida durante años frente a un régimen que ha perseguido, encarcelado y silenciado a quienes se atreven a desafiarlo. Su trayectoria política está marcada por la coherencia, el coraje y una determinación poco común en tiempos de cálculo y oportunismo. Defender elecciones libres, denunciar el fraude sistemático y plantar cara al poder cuando hacerlo implica riesgos personales no es retórica: es compromiso.
Que Madrid reconozca esa trayectoria no solo honra a quien la recibe, sino que define a quien la concede. Las ciudades también hablan a través de sus decisiones, y hoy Madrid dice alto y claro que está del lado de quienes luchan por recuperar la democracia allí donde ha sido secuestrada.
Por eso sorprende —o quizá ya no tanto— la oposición de la izquierda a este reconocimiento. Resulta difícil no ver en esa negativa una mezcla de incomodidad ideológica y ceguera selectiva. Se llenan la boca con la defensa de los derechos humanos, pero guardan silencio —o directamente cuestionan— cuando la vulneración proviene de regímenes que consideran “afines”. La libertad, para algunos, parece tener matices según quién la pisotee.
Negarse a reconocer a Machado no es una posición neutral: es una forma de mirar hacia otro lado. Es relativizar la falta de libertades en Venezuela, minimizar la represión y, en el fondo, enviar un mensaje inquietante: que hay causas que no merecen apoyo si incomodan ciertos relatos.
Madrid, afortunadamente, ha decidido no caer en esa trampa. Ha optado por la claridad frente a la ambigüedad, por el reconocimiento frente al silencio cómplice. Y lo ha hecho entendiendo que la defensa de la libertad no es patrimonio de una ideología, sino un deber democrático básico.
Conviene recordarlo: lo que está en juego no es una medalla, sino el significado que le damos. Y hoy Madrid ha decidido que su mayor distinción sirva para algo más que adornar vitrinas: para señalar, sin complejos, de qué lado merece la pena estar.
La figura de María Corina Machado trasciende Venezuela para convertirse en una defensora global de la democracia, de los derechos humanos, que tiene todos los méritos para tener las llaves de la ciudad y que en quien quiera ver polémica o quien quiera decir que no merece las llaves de la ciudad de Madrid, tendrá que explicarlo.
Si para la izquierda reconocer la defensa de la libertad y los derechos humanos es hacer propaganda, entonces bendita propaganda: la que no manipula, sino que recuerda lo esencial y empuja a que la democracia prevalezca.
Carlos Izquierdo
Portavoz
